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La veterinaria que viene. Una reflexión desde dentro.

En esta ocasión vamos a tratar de un tema que preocupa y mucho a los colegiados veterinarios españoles. La entrada en el sector de los llamados fondos de riesgo. La mayoría de los veterinarios preguntados acerca de este tema sienten miedo al dañó que puedan hacer los fondos de riesgo a nuestros negocios “de toda la vida”. Muchos lo ven como algo malo, peligroso, de lo que hay que defenderse. Incluso llegan a leerse estos días noticias que apoyan la figura del veterinario “pobrecito autónomo” que va a ser devorado por los fondos de riesgo en forma de nuevas cadenas y bajos precios. Ante esta situación queremos lanzar un planteamiento. Ahora que le vemos las orejas al lobo, ¿quién es el responsable?

Primero de todo, y haciendo una analogía con el sector del taxi, cuando hay este cambio en el mercado es porque el cliente lo demanda. Es decir, sectores atomizados, casi de autoempleo, de baja calidad de servicio (aunque nosotros pensemos lo contrario, la experiencia de cliente en la mayoría de clínicas veterinarias no es buena); la idea de que tenemos calidad percibida per sé por ser veterinarios; la baja formación continua de una gran parte de los veterinarios del sector, la falta de unos controles objetivos y una formación continua obligatoria (CPD) al estilo de lo que ocurre en Reino Unido, la falta de espacios, y de medios tanto humanos como técnicos de muchas clínicas veterinarias. La falta de un convenio colectivo que proteja pero también exija a los empleados, la heterogenicididad de precios, calidad de servicio, tamaños, servicios ofrecidos, formación del personal, ofrecido en la mayoría de clínicas. Etc.

Todo ésto, hace que la percepción de los veterinarios por parte de los clientes sea mala. Y cuando el cliente demanda algo distinto de un servicio que considera malo, o con una relación calidad-precio mayor que la que tiene, surge la oportunidad para estos grandes fondos. Dicho de otra forma, si los veterinarios que han copado el sector durante décadas, que ahora rondan entre los 45 y 65 años y los jubilados ya, se hubieran preocupado de crear hospitales de alta calidad, como los que empieza a haber en Madrid y Barcelona, de atraer talento, de pagar mejor a sus trabajadores, con mejores condiciones, etc; el sector estaría más concentrado, con las reglas de juego más establecidas y con una calidad técnica y de servicio estandarizada elevada, que justificaría el cobro del servicio en base al valor y por tanto con un precio más elevado para todos. En ese escenario, los fondos de inversión habrían entrado apoyando esos grandes hospitales para hacerlos crecer más, y serían vistos al igual que en Reino Unido, como una oportunidad, ya que esto, permite tener consejos de administración profesionalizados, personal veterinario muy especializado, grandes instalaciones, etc. En otras palabras, permite tener un trabajo y un sector profesionalizado y dignificado. Donde los seguros quieren apostar y apuestan y donde no todos los clientes tienen seguro, pero pagan.

Por otro lado, tenemos otra tendencia también compleja, y son macrohospitales que no son rentables, en las ciudades principales, construidos más con el corazón veterinario que con un análisis financiero. Estos “grandes macrohospitales hipertrofiados” juegan a ser comprados por fondos que tenga músculo financiero para comprar y aguantar el tirón, y no se les compra por lo que valen ahora, que dan pérdida, si no por lo que pueden llegar a valer en una perspectiva de mercado futura. No responden a la realidad del sector, son buenos desde el punto de vista de hacer crecer la profesión y darle notoriedad y de dar una perspectiva de en lo que se tiene que convertir el sector a medio plazo; pero son malos desde la perspectiva de que crean al usuario final (los dueños) y los propios empleados veterinarios, la sensación de que el sector se encuentra en un punto más saludable y mejor del que está realmente.

Se trata de un equilibrio, ni tanto ni tan poco. No tiene sentido que tengamos tantos TAC por ejemplo disponibles en Madrid y Valencia, que son “refurbish” de humana, que son realmente difíciles de amortizar y que a más cortes, más caro el tubo del TC que es lo que realmente vale, y si se rompe, que sólo tiene garantía de un año, la mayoría de seguros tienen franquicia, y pagan un parte proporcional pero no todo. La práctica totalidad de los veterinarios que tienen TAC no han contemplado este riesgo. Y lo mismo para las Resonancias magnéticas, para los medio arcos, etc, etc, etc. En todos los casos, no se ha hecho un VAN o un TIR para analizar la inversión del activo productivo. Ni se sabe lo que es este valor. He aquí el problema. El problema del veterinario es que es clínico, y no busca la rentabilidad y por tanto la viabilidad de su negocio. Sigue habiendo muchos compañeros que no se imputan una nómina a final de mes por ejemplo.

En el otro lado, no hay que olvidar que la tasa de suicidios en veterinaria es muy alta y en Reino Unido más. Tristemente leíamos una noticia reciente donde los veterinarios desaconsejan a los nuevos estudiantes que se conviertan en veterinarios, por la gran presión a la que se ven sometidos en EEUU y Reino Unido. Es decir, no todo el monte es orégano. Pero sí que hay una parte positiva de la profesionalización. Y como no la hemos llevado a cabo nosotros, como gremio, ahora una fuerte sacudida externa vendrá para hacerlo porque el cliente es el rey, y más en la era digital, y nuestros clientes quieren un mejor servicio del que tienen, y en muchos casos, a menor precio del que pagan.

Hay que añadir además, que la subida del IVA en 13 puntos daña mucho a las clínicas y su margen, sobre todo porque muchas clínicas todavía siguen trabajando en valores absolutos y no calculan bien los márgenes, además de contar con parte de ese dinero de IVA como parte de su tesorería, lo cual implica unos problemas de liquidez en la misma en momentos de presentación y declaración de impuestos.
Esta subida de IVA a la hora de decidir si repercutir estos precios al cliente final, ha hecho que la mayoria de las clínicas no tengan los datos suficientes para poder hacer una toma de decisiones correcta y los errores se vayan sufriendo a lo largo del tiempo.

No lo defiendo, ni digo que sea bueno o malo, digo que es un hecho, que ha ocurrido en todos los sectores desde la crisis, y nosotros no íbamos a ser una excepción. Y que la falta de espíritu empresarial (cuantos dueños de clínicas veterinarias tienen formación empresarial o un gerente profesional) y las prácticas desacertadas continuadas de muchos dueños de centros veterinarios, provocaban que un empleado prefiriera montarse su propio centro a modo de autoempleo por aquello de “para ganar lo que gano y trabajar las horas que trabajo (muchas más de las 40 semanales); me monto por mi cuenta”, y atomizaban el sector, y ese empleado quedaba muchas veces atrapado en su propia clínica, año tras año, sin poder reinvertir ni crecer. En lugar de vivir de sus consultas y servicios de alto valor, vivía de la peluquería y el pienso, y los accesorios. Esto tenía que cambiar, y ahora cambiará a marchas forzadas.

La profesionalización del sector veterinario llega de la peor forma posible, donde no hemos sido protagonistas, y ahora vamos a quedar relegados a ir a rebufo de la profesionalización que nos impongan. Lo tenemos merecido por la impasividad demostrada y la connivencia manifiesta durante muchos años; y porque las personas que han tenido la posibilidad de accionar la palanca de la profesionalización, han preferido mantener un status-quo donde los propietarios de centros en muchas ocasiones han sacado su ganancia de prácticas que pasaban por la intensividad de trabajo de los trabajadores a base de muchas horas, no remuneradas, en lugar de basar su ganancia en crear valor para el cliente y para la profesión. Aún hoy existen “hospitales veterinarios” que ofrecen un “internado” no reglado que tienen veterinarios trabajando gratis haciendo guardias, o cobrando 100 euros al mes, o incluso pagando por trabajar. Y de ese tipo de modelos o incluso peores es de donde se ha sacado en muchos casos la ganancia del centro veterinario. Esto que es un secreto a voces, hay que decirlo.

Por ello, inevitablemente sí, la profesionalización a la que nos vemos expuestos ahora traerá consecuencias para muchos centros veterinarios, pero sobretodo lo hará para aquellos que en todo el tiempo que lleven abiertos, no hayan creado marca, no hayan creado valor en sus centros, no hayan invertido en mejorar instalaciones, personal, imagen, etc.

Y a estos centros, cualquier cambio en el sector les iba a hacer daño de por sí. Ahora no es justo llevarse las manos a la cabeza porque nuestra estrategia de negocio pasara porque todo siguiera igual que estaba y haciendo lo mismo otros 10 o 20 o 30 años. Pensar en el inmovilismo como estrategia empresarial no es ni era una opción. La autocomplacencia es peor enemigo de un emprendedor, un jefe, un líder, un gerente, un empresario y en general de cualquier profesional en su puesto de trabajo.

Somos uno de los últimos sectores a los que va a llegar la profesionalización y la transformación digital. Y para los que queden, tras un proceso de cambio profundo, la perspectiva mejorará, porque si el pastel se hace más grande a más tocaremos aunque nuestra cuota de mercado pueda bajar, siempre que el pastel crezca más; y más rápido de lo que decrezca mi cuota de mercado.

Dará lugar a varios grandes modelos de negocio, y a varias oportunidades de nicho o transformación. Los cambios son una oportunidad para quien sabe leerlos.

En lugar de intentar luchar a contracorriente para evitar el cambio como si fuéramos un salmón que lucha río arriba para desovar, por una vez, intentemos ir a favor del viento como un ave que aprovecha las corrientes de aire para plantear y no cansarse. Eso sí, para aquellos que no aporten valor o que no estén diferenciados, necesitarán una gran cantidad de recursos y tendrán muy poco tiempo para crear una cadena de valor en sus centros veterinarios que sea atractiva para el cliente.

No deja de ser triste que al final sean los clientes los que nos demanden esa profesionalización que deberíamos haber liderado nosotros. A todo aquel que esté leyendo estas líneas y sea dueño de un centro veterinario, que empiece por comportarse como tal, que se afilie a AEMVE (en Madrid) o a CEVE o la asociación empresarial veterinaria que le corresponda geográficamente. Que aporte a la profesionalización del sector. Que contrate un gerente o se ocupe de la gerencia de su centro, que se forme en gestión de empresa o contrate a quién esté formado.

Que lidere su propio cambio y el de su clínica. Somos responsables tanto de nuestro negocio, como de las personas que trabajan en él. Nosotros elegimos libremente correr el riesgo de montar nuestra empresa para que otros tengan su trabajo asegurado si es que eso es posible hoy en día.  Somos responsables de la gente que tenemos a nuestro cargo. Empecemos a comportarnos como tal.

Daniel Gutiérrez velasco
Daniel Gutiérrez velasco
Empresario de profesión y veterinario de formación de licenciatura, mis interés a medida que he desarrollado mi carrera profesional, se han centrado en el área de marketing y ventas y transformación digital.

2 Comments

  1. Hola Daniel, me gusta el análisis que haces del sector sobre todo el cambio de tercio cuando hablas de oportunidades tema .Te ha faltado por nombrar a AGESVET ,somos la primera asociación creada a nivel nacional de veterinarios gestores de clínicas, me gustaría contactar contigo para darte información y que veas los congresos que hemos y estamos organizando. Llevamos un recorrido de más de 10 años en estos menesteres.Abrazos.

    • Hola Inmaculada agradezco tu comentario y lo tendremos en cuenta. Hemos tratado de colaborar con vosotros repetidas veces pero ni Ángel de vetersalud ni José Luis Blanquez han considerado oportuno colaborar. Nosotros estamos abiertos a lo que necesiteis. He nombrado AEMVE porque me es más cercano y conozco de primera mano sus actividades y su apuesta por la unidad del sector. Un abrazo

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